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Cultura

Wifredo Lam: El Pintor que Fusionó África, China y Surrealismo

Conoce a Wifredo Lam, el artista cubano que revolucionó el arte con su fusión de surrealismo, cubismo y espiritualidad afrocubana.

Aroma de Cuba · · 6 min de lectura
Composición artística inspirada en el estilo de Wifredo Lam con figuras híbridas y vegetación tropical cubana

En el panteón del arte latinoamericano, pocos nombres brillan con tanta fuerza como el de Wifredo Lam. Nacido en Sagua la Grande, un pueblo azucarero de Villa Clara, este artista de sangre china, africana y española logró algo que ningún otro pintor cubano ha conseguido: colocar la espiritualidad afrocubana en el centro del arte mundial.

Su obra no es decorativa ni folclórica. Es un grito visual que conecta los cañaverales de Cuba con las galerías de París y Nueva York, los orishas de la santería con el surrealismo de André Breton, y la herencia africana con las vanguardias europeas del siglo XX.

De Sagua la Grande al mundo

Wifredo Óscar de la Concepción Lam y Castilla nació el 8 de diciembre de 1902. Su padre, Yam Lam, era un inmigrante chino de Cantón; su madre, Ana Serafina Castilla, era hija de una antigua esclava congoleña y un mulato cubano. Esta mezcla de sangres —china, africana, española— definiría toda su obra.

En Sagua la Grande, el joven Wifredo creció rodeado de dos mundos espirituales: el catolicismo oficial y las prácticas afrocubanas que su madrina, Matonica Wilson, sacerdotisa de santería, le enseñó a respetar. Los orishas, los rituales del Palo Monte y las ceremonias de la sociedad Abakuá dejaron una huella imborrable en su imaginación.

“Yo quería con todo mi corazón pintar el drama de mi país… Para responder a la realidad del nuevo mundo, debía recurrir al espíritu de la selva.” — Wifredo Lam

España: guerra, amor y tragedia

En 1923, Lam viajó a Madrid para estudiar arte con Fernando Álvarez de Sotomayor, director del Museo del Prado y maestro de Salvador Dalí. En las mañanas pintaba en el taller académico; por las noches, exploraba las vanguardias con pintores jóvenes rebeldes.

En el Prado descubrió a El Bosco y a Brueghel, cuyas figuras grotescas y fantásticas resonaban con las visiones de su infancia cubana. Pero España también le trajo tragedia: en 1929 se casó con Eva Piriz, quien murió de tuberculosis junto con su hijo pequeño en 1931. Esta pérdida marcó profundamente el tono oscuro de su arte.

Cuando estalló la Guerra Civil Española, Lam se unió al bando republicano, diseñando carteles de propaganda y luchando en la defensa de Madrid. Herido en combate, fue evacuado a Barcelona, donde conoció al escultor catalán Manolo Hugué, quien le dio la carta de presentación que cambiaría su vida.

París: Picasso, Breton y las vanguardias

En 1938, Lam llegó a París con esa carta en el bolsillo. Pablo Picasso lo recibió en su estudio y quedó impresionado. El español reconoció en el cubano a un espíritu afín —alguien que entendía las máscaras africanas no como “arte primitivo”, sino como expresiones de una cosmovisión viva.

Picasso se convirtió en su mentor y puerta de entrada al mundo artístico parisino:

Pero Lam nunca fue un imitador. Absorbió estas influencias y las filtró a través de su experiencia única como hombre mestizo del Caribe. Mientras los surrealistas europeos buscaban el “inconsciente” en los sueños, Lam lo encontraba en los rituales afrocubanos que había vivido de niño.

La Jungla: la obra maestra

En 1941, huyendo de la ocupación nazi, Lam regresó a Cuba. El reencuentro con la isla fue un terremoto creativo. Después de casi dos décadas en Europa, vio con ojos nuevos la explotación de los trabajadores del azúcar, el racismo contra los afrocubanos y la vitalidad espiritual que la élite blanca despreciaba como “brujería”.

De esta colisión nació La Jungla (1943), su obra maestra absoluta. Este monumental gouache sobre papel (2.40 x 2.30 metros) muestra:

  • Figuras híbridas mitad humanas, mitad vegetales, con rostros de máscara
  • Cañas de azúcar que se confunden con extremidades humanas — metáfora de la esclavitud
  • Una densidad tropical que asfixia y libera al mismo tiempo
  • Tijeras gigantes que evocan la cosecha del azúcar y la mutilación colonial

La Jungla no es un paisaje bonito. Es una denuncia de la explotación colonial disfrazada de paraíso tropical. Y al mismo tiempo, es una celebración del poder espiritual afrocubano que sobrevivió a siglos de opresión.

Hoy se exhibe en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, donde es una de las obras más visitadas de la colección permanente.

El estilo Lam: figuras híbridas y sincretismo visual

Lo que hace único a Wifredo Lam es su capacidad para crear un lenguaje visual completamente nuevo. Sus figuras híbridas —mitad humanas, mitad animales, mitad plantas— no son caprichos decorativos. Son representaciones del sincretismo que define a Cuba:

  • Rostros de máscara: evocan simultáneamente las máscaras africanas del arte Yoruba, las figuras del cubismo de Picasso y los diablitos íreme de los Abakuá
  • Líneas caligráficas: herencia de la cultura china de su padre, recuerdan la pintura de tinta y los trazos del pincel chino
  • Vegetación invasiva: la naturaleza tropical cubana como fuerza viva e indomable
  • Cuernos y hojas: símbolos de los orishas que se funden con el paisaje

Lam hablaba de ser “un mulato de muchos mundos” — africano, español, chino. Su arte es el mestizaje hecho pintura.

Legado e influencia

Tras La Jungla, Lam se dividió entre Cuba, París e Italia hasta su muerte en 1982. Su influencia es inmensa:

  • Premio Guggenheim Internacional en 1964
  • Obras en el MoMA, el Tate, el Guggenheim y el Centre Pompidou
  • El Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam en La Habana Vieja, inaugurado en 1983, organiza la célebre Bienal de La Habana
  • Inspiración directa para artistas como Jean-Michel Basquiat y toda una generación de artistas del Caribe y la diáspora africana

En 2025, el MoMA organizó la retrospectiva “Wifredo Lam: When I Don’t Sleep, I Dream”, confirmando su lugar entre los gigantes del arte del siglo XX.

Wifredo Lam y la identidad cubana

La importancia de Lam va más allá del arte. En una época en que las élites cubanas despreciaban la cultura afrocubana, él la elevó a categoría universal. Demostró que los orishas, los cañaverales y las tradiciones sincréticas de Cuba no eran “folklore primitivo”, sino fuentes de una visión artística tan poderosa como cualquier movimiento europeo.

Hoy, cuando caminas por La Habana Vieja y ves el Centro Wifredo Lam, o cuando visitas el MoMA y te detienes frente a La Jungla, estás viendo el fruto de una vida dedicada a demostrar que Cuba no está en la periferia del arte — está en su centro.


¿Quieres explorar más sobre la cultura cubana? Lee sobre la santería y los orishas, la sociedad Abakuá o el cartelismo cubano.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Wifredo Lam?
Wifredo Lam (1902-1982) fue un pintor cubano de ascendencia china, africana y española, nacido en Sagua la Grande. Es considerado el artista plástico cubano más importante del siglo XX, famoso por fusionar el surrealismo europeo con la espiritualidad afrocubana.
¿Cuál es la obra más famosa de Wifredo Lam?
La Jungla (1943) es su obra maestra, una pintura de gran formato que muestra figuras híbridas humano-vegetales en un cañaveral cubano. Se exhibe permanentemente en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York.
¿Qué relación tenía Wifredo Lam con Picasso?
Lam conoció a Picasso en París en 1938 a través de una carta de presentación del escultor Manolo Hugué. Picasso se convirtió en su mentor y amigo, presentándolo a la vanguardia artística parisina incluyendo a Braque, Matisse y los surrealistas.
¿Dónde puedo ver obras de Wifredo Lam en Cuba?
El Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam en La Habana Vieja, inaugurado en 1983, exhibe obras y organiza la Bienal de La Habana. También hay piezas en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.
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