La explosión del USS Maine: el hundimiento que cambió Cuba
El 15 de febrero de 1898, el acorazado USS Maine explotó en la bahía de La Habana, desatando la guerra hispano-estadounidense.
La noche del 15 de febrero de 1898, una explosión devastadora sacudió la bahía de La Habana. El acorazado USS Maine, orgullo de la Marina de los Estados Unidos, se partió en dos y se hundió en cuestión de minutos. Murieron 266 de sus 354 tripulantes. Aquel estallido no solo destruyó un buque de guerra: cambió el destino de Cuba, España y Estados Unidos para siempre.
¿Por qué estaba el Maine en La Habana?
Cuba llevaba tres años en plena Guerra de Independencia contra España, iniciada en 1895 por José Martí y los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez. La brutalidad del conflicto — especialmente la política de reconcentración del general Valeriano Weyler, que confinó a civiles en campos donde murieron decenas de miles — había provocado una ola de indignación en Estados Unidos.
Washington envió el Maine a La Habana en enero de 1898, oficialmente como una “visita de cortesía” para proteger los intereses y ciudadanos estadounidenses en la isla. En realidad, era una demostración de fuerza. España consideró la presencia del acorazado una provocación, pero aceptó con diplomacia tensa.
La noche de la explosión
A las 9:40 de la noche, mientras la mayoría de la tripulación dormía, dos explosiones consecutivas destruyeron la proa del Maine. La primera, más pequeña, fue seguida por una detonación masiva que lanzó fragmentos del buque a cientos de metros. El barco se hundió rápidamente en las aguas poco profundas de la bahía.
Los sobrevivientes fueron rescatados por marineros españoles y tripulaciones de otros buques anclados en el puerto. Irónicamente, los supuestos “enemigos” fueron los primeros en acudir al rescate.
”¡Recuerden el Maine!”
La prensa sensacionalista de Estados Unidos — los periódicos de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer — no esperó a ninguna investigación. Desde el día siguiente, los titulares gritaban: “¡Recuerden el Maine! ¡Al diablo con España!” (Remember the Maine! To hell with Spain!).
Esta fue la era del llamado periodismo amarillo, y la tragedia del Maine se convirtió en su obra maestra. Ilustraciones ficticias mostraban minas españolas bajo el barco. Se inventaron conspiraciones. La opinión pública estadounidense, ya sensibilizada por los horrores de la reconcentración, clamaba por la guerra.
Una investigación naval estadounidense concluyó en marzo de 1898 que una mina submarina había causado la explosión, sin señalar directamente a España. Pero el daño estaba hecho.
La guerra que cambió todo
El 25 de abril de 1898, Estados Unidos declaró la guerra a España. La guerra hispano-estadounidense fue breve — apenas cuatro meses — pero transformadora. España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam en el Tratado de París.
Para Cuba, la victoria sobre España no trajo la independencia plena. Estados Unidos ocupó la isla militarmente hasta 1902, y la nueva constitución cubana fue obligada a incluir la Enmienda Platt, que otorgaba a Washington el derecho de intervenir en los asuntos cubanos y establecer bases navales — incluyendo Guantánamo, que sigue bajo control estadounidense más de un siglo después.
Los mambises cubanos — que habían luchado durante tres años y sufrido pérdidas devastadoras — fueron excluidos de las negociaciones de paz y de la ceremonia de rendición española. El general cubano Calixto García ni siquiera fue invitado a la toma de Santiago de Cuba.
¿Qué causó realmente la explosión?
El misterio del Maine nunca se ha resuelto con certeza. Tres investigaciones principales han ofrecido conclusiones diferentes:
- 1898 (EE.UU.): Mina submarina externa. Culpa implícita a España.
- 1911 (EE.UU.): Cuando se reflotaron los restos, otra investigación reafirmó la teoría de la mina.
- 1976 (Almirante Hyman Rickover): Un estudio independiente concluyó que la causa más probable fue una combustión espontánea en los depósitos de carbón adyacentes a los almacenes de munición, un problema conocido en buques de la época.
En 1998, un nuevo análisis del National Geographic apoyó la teoría de la mina, pero sin descartar completamente la explosión interna. La verdad, como tantas veces en la historia, permanece sumergida.
El legado del Maine en Cuba
Para los cubanos, la explosión del Maine representa una paradoja histórica. Aceleró el fin del colonialismo español, pero inauguró una nueva forma de dominio. La frase “¡Recuerden el Maine!” se convirtió en símbolo de cómo una tragedia puede ser manipulada para justificar la intervención.
En La Habana, los restos del Maine fueron un punto de referencia en la bahía durante años. Hoy, una boya marca el lugar aproximado del hundimiento. En el Malecón se erigió un monumento con las columnas del memorial original, aunque las águilas que coronaban la estructura fueron retiradas después de 1959.
La historia del Maine nos recuerda que los grandes giros de la historia a veces comienzan con una explosión — y con la narrativa que alguien decide construir sobre ella.
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Preguntas frecuentes
- ¿Qué fue la explosión del USS Maine?
- El 15 de febrero de 1898, el acorazado estadounidense USS Maine explotó y se hundió en la bahía de La Habana, matando a 266 tripulantes. El incidente fue el detonante directo de la guerra hispano-estadounidense.
- ¿Qué causó realmente la explosión del Maine?
- La causa nunca se determinó con certeza. En 1898, EE.UU. culpó a una mina española. Investigaciones posteriores, como la de 1976, sugieren que fue una explosión interna accidental en los depósitos de carbón cercanos a la munición.
- ¿Qué consecuencias tuvo el hundimiento del Maine para Cuba?
- Provocó la intervención militar de Estados Unidos en Cuba, la derrota de España y el fin de cuatro siglos de colonialismo español. Sin embargo, también marcó el inicio de la influencia estadounidense sobre la isla con la Enmienda Platt.
- ¿Dónde están los restos del USS Maine hoy?
- Los restos fueron parcialmente reflotados en 1911 y hundidos ceremonialmente en aguas profundas del Golfo de México. El mástil del Maine se conserva como monumento en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia.
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