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Historia

El Grito de Yara: cuando Céspedes encendió la llama de Cuba libre

El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos e inició la Guerra de los Diez Años desde La Demajagua.

Aroma de Cuba · · 5 min de lectura
Representación artística del ingenio La Demajagua al amanecer, con su campana y campos de caña. Ilustración generada por IA.

La madrugada del 10 de octubre de 1868 cambió para siempre el destino de Cuba. En el ingenio azucarero La Demajagua, cerca de Manzanillo, un abogado, poeta y hacendado llamado Carlos Manuel de Céspedes tomó la decisión más trascendental de la historia cubana: liberar a sus esclavos, tomar las armas y declarar la independencia de la isla.

Un hombre entre dos mundos

Carlos Manuel de Céspedes del Castillo nació en Bayamo el 18 de abril de 1819, en el seno de una familia criolla acomodada. Estudió Derecho en la Universidad de La Habana y luego obtuvo su doctorado en la Universidad de Barcelona. Viajó por Europa, absorbió las ideas liberales de la época y regresó a Cuba convencido de que el colonialismo español era insostenible.

A su vuelta se estableció como abogado y terrateniente en la región oriental de Cuba. Era dueño del ingenio La Demajagua, donde trabajaban decenas de esclavos en la producción de azúcar. Pero Céspedes no era un hacendado cualquiera: escribía poesía, componía música y conspiraba en secreto contra la Corona española.

La noche que cambió todo

Para 1868, la situación era insostenible. España exprimía a Cuba con impuestos abusivos mientras negaba representación política a los criollos. Las logias masónicas y los círculos conspiradores del oriente cubano hervían de indignación. Céspedes fue elegido líder del movimiento revolucionario en la región.

La conspiración estaba prevista para más adelante, pero las autoridades españolas descubrieron los planes. No había tiempo que perder. En la noche del 9 al 10 de octubre, Céspedes reunió a los conspiradores en La Demajagua y tomó una decisión radical.

Al amanecer, tocó la campana del ingenio — esa misma campana que cada día llamaba a los esclavos al trabajo — pero esta vez el mensaje era diferente. Ante los trabajadores reunidos, Céspedes pronunció palabras que resonarían por siglos:

“¡Ciudadanos! Hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora sois tan libres como yo.”

Con ese acto, liberó a sus aproximadamente 30 esclavos y les ofreció unirse como hombres libres a la lucha por la independencia de Cuba. La mayoría aceptó.

El Manifiesto del 10 de Octubre

Céspedes no improvisaba. Junto al grito de libertad, presentó el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, un documento que exponía las razones de la insurrección y los principios del movimiento:

  • Independencia total de España
  • Abolición gradual de la esclavitud con indemnización a los propietarios
  • Sufragio universal para todos los hombres libres
  • Libertad de prensa y reunión
  • Respeto a la propiedad

El manifiesto buscaba un equilibrio difícil: atraer tanto a los hacendados reformistas como a los sectores más radicales. La abolición “gradual” era una concesión pragmática que generaría debate durante toda la guerra.

De hacendado a presidente en armas

Con apenas 147 hombres mal armados — muchos con machetes y herramientas de trabajo — Céspedes marchó sobre el pueblo de Yara. El primer enfrentamiento fue un desastre militar: las tropas españolas dispersaron a los rebeldes. De los 147, solo quedaron 12.

Cualquier otro habría abandonado. Céspedes, cuando le informaron que todo estaba perdido, respondió con una frase legendaria:

“Aún quedan doce hombres. Bastan para hacer la independencia de Cuba.”

Y tenía razón. En las semanas siguientes, miles de cubanos se sumaron a la insurrección. Céspedes tomó Bayamo el 20 de octubre, convirtiéndola en la primera ciudad libre de Cuba. Fue allí donde Pedro Figueredo cantó por primera vez La Bayamesa, que se convertiría en el himno nacional cubano.

En abril de 1869, la Asamblea de Guáimaro lo eligió como primer Presidente de la República en Armas, la primera estructura de gobierno cubano independiente.

El precio de la libertad

La historia de Céspedes tiene un capítulo devastador. Las autoridades españolas capturaron a su hijo Oscar y le ofrecieron un intercambio: la rendición a cambio de la vida de su hijo. Céspedes, desgarrado, respondió:

“Oscar no es mi único hijo. Soy padre de todos los cubanos que han muerto por la revolución.”

Oscar fue fusilado. Este sacrificio personal convirtió a Céspedes en una figura trágica y venerada — el Padre de la Patria.

Paradójicamente, las mismas instituciones que él creó acabaron por destituirlo en 1873, en medio de disputas políticas internas. Céspedes se retiró a la Sierra Maestra, donde vivió en soledad y pobreza. El 27 de febrero de 1874, tropas españolas lo encontraron en San Lorenzo. Antes de dejarse capturar, se lanzó por un barranco. Murió como vivió: sin rendirse.

El legado que no se apaga

El Grito de Yara desencadenó la Guerra de los Diez Años (1868-1878), el primer gran conflicto independentista de Cuba. Aunque terminó sin alcanzar la independencia — con el Pacto del Zanjón que Antonio Maceo rechazó en Baraguá — sentó las bases para todo lo que vendría después.

Sin Céspedes no se entiende a José Martí, quien retomó la antorcha en 1895. Sin La Demajagua no hay Baire. Sin el Grito de Yara no hay Cuba libre.

Hoy, el 10 de octubre es feriado nacional en Cuba. La campana de La Demajagua se conserva como reliquia sagrada en el Museo de La Demajagua en Manzanillo. Y Carlos Manuel de Céspedes descansa en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, junto a otros héroes de la patria.

Su gesto — un hombre rico que lo sacrificó todo, incluido a su propio hijo, por la libertad de un pueblo — sigue siendo uno de los actos más extraordinarios de la historia de América Latina.


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Preguntas frecuentes

¿Qué fue el Grito de Yara?
Fue la proclamación de independencia de Cuba realizada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 desde su ingenio La Demajagua, en Manzanillo. Este acto dio inicio a la Guerra de los Diez Años contra el dominio colonial español.
¿Por qué Céspedes liberó a sus esclavos?
Céspedes creía que no se podía luchar por la libertad de Cuba mientras se mantuviera la esclavitud. Al liberar a sus esclavos y ofrecerles unirse como hombres libres a la lucha, dio coherencia moral al movimiento independentista.
¿Qué importancia tiene la campana de La Demajagua?
La campana del ingenio La Demajagua es un símbolo nacional de Cuba. Céspedes la tocó al amanecer del 10 de octubre para congregar a sus trabajadores y proclamar la independencia. Hoy se conserva en el Museo de La Demajagua en Manzanillo.
¿Cuánto duró la Guerra de los Diez Años?
La guerra se extendió desde 1868 hasta 1878, terminando con el Pacto del Zanjón. Aunque no logró la independencia, sentó las bases para las luchas posteriores, incluyendo la Guerra de Independencia de 1895.
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