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Historia

El Periodo Especial: la crisis que transformó Cuba en los 90

Historia del Periodo Especial en Cuba (1991-2000), la devastadora crisis económica tras la caída de la URSS que cambió la isla para siempre.

Aroma de Cuba · · 5 min de lectura
Transporte con caballo y carreta en Cuba, 1994, cerca de Varadero. Foto: Nick/Flickr (CC BY-SA 2.0)

Cuando la Unión Soviética se derrumbó en diciembre de 1991, Cuba perdió mucho más que un aliado político. Perdió el oxígeno económico que la mantenía viva. De la noche a la mañana, una isla que dependía del bloque socialista para el 80% de su comercio exterior se quedó sola en medio del Caribe, con un embargo estadounidense apretando desde el otro lado.

Lo que siguió fue la década más difícil que vivieron los cubanos desde la independencia: el Periodo Especial en Tiempos de Paz.

Un país que se apagó

Las cifras son brutales. Entre 1990 y 1993, el PIB cubano se contrajo un 35%. Las importaciones cayeron más del 80%. Las exportaciones siguieron el mismo camino. Pero los números no cuentan la historia real.

La historia real es que Cuba se apagó. Literalmente.

Las importaciones de petróleo soviético —que representaban casi la totalidad del consumo cubano— se redujeron al 10% de los niveles anteriores. Sin combustible, las fábricas cerraron. Los autobuses dejaron de circular. Los apagones, que al principio duraban horas, se extendieron a 16 horas diarias. La Habana, una ciudad de más de dos millones de personas, se sumió en la oscuridad.

El hambre

Quizás nada define mejor el Periodo Especial que el hambre. El consumo calórico promedio cayó de 3,052 calorías diarias en 1989 a apenas 1,863 en 1993. Los cubanos perdieron un promedio de 5 a 25 libras de peso corporal.

La libreta de racionamiento, que desde 1962 garantizaba productos básicos subsidiados, dejó de cubrir las necesidades mínimas. El arroz, los frijoles, el aceite —todo escaseaba. La carne prácticamente desapareció de la mesa cubana.

La gente empezó a comer lo que encontraba. Cáscaras de plátano fritas. Bistec de toronja —la piel blanca de la fruta preparada como si fuera carne—. Pizza con queso de condón derretido (preservativos fundidos que imitaban la textura del queso fundido). La inventiva cubana, siempre presente, se convirtió en una cuestión de supervivencia.

Bicicletas chinas y camellos

Sin petróleo, el transporte colapsó. El gobierno importó más de un millón de bicicletas de China entre 1991 y 1993. La Habana, una ciudad diseñada para automóviles americanos de los años 50, se llenó de ciclistas.

Aparecieron los famosos “camellos”: enormes remolques metálicos arrastrados por cabezas de camión que podían transportar hasta 300 personas, apiñadas en condiciones sofocantes. En las zonas rurales, los tractores fueron reemplazados por bueyes, y los carros tirados por caballos volvieron a las carreteras, como muestra la imagen que acompaña este artículo.

Esperar un autobús podía tomar tres horas o más. Caminar kilómetros hasta el trabajo se volvió rutina.

Los organopónicos: reinventar la agricultura

Uno de los legados más sorprendentes del Periodo Especial fue la revolución agrícola. Sin fertilizantes químicos, pesticidas ni combustible para la maquinaria, Cuba se vio obligada a reinventar su agricultura.

Nacieron los organopónicos: huertos urbanos de agricultura orgánica que brotaron en solares vacíos, azoteas y patios de La Habana y otras ciudades. Permacultores australianos llegaron a la isla para enseñar técnicas sostenibles que los cubanos adoptaron y adaptaron con rapidez.

Para el año 2000, La Habana producía una parte significativa de sus vegetales frescos dentro de los límites de la ciudad. Lo que nació por necesidad se convirtió en un modelo estudiado internacionalmente de agricultura urbana sostenible.

El Maleconazo y la crisis de los balseros

La frustración acumulada estalló el 5 de agosto de 1994, cuando miles de habaneros se lanzaron a las calles del Malecón en la primera protesta popular masiva desde el triunfo de la Revolución. El Maleconazo, como se conoció el evento, fue sofocado rápidamente, pero reveló la profundidad del descontento.

Semanas después, Fidel Castro tomó una decisión sin precedentes: abrió las fronteras. Lo que siguió fue la crisis de los balseros de 1994, un éxodo masivo en el que más de 30,000 cubanos intentaron cruzar el estrecho de la Florida en embarcaciones improvisadas —neumáticos de camión, puertas de madera, cualquier cosa que flotara—. Las imágenes de familias enteras en balsas precarias bajo el sol del Caribe dieron la vuelta al mundo.

La crisis llevó a los acuerdos migratorios entre Cuba y Estados Unidos, que establecieron la entrega de 20,000 visas anuales y la política de “pies secos, pies mojados”.

Dólar, jineterismo y la doble moral

Para sobrevivir, Cuba tuvo que hacer concesiones ideológicas impensables. En 1993, el gobierno legalizó la tenencia de dólares estadounidenses, creando una economía dual que dividió a la sociedad. Quienes tenían acceso a dólares —por remesas familiares o por contacto con turistas— vivían en un mundo diferente al de quienes dependían del peso cubano.

El turismo se convirtió en la tabla de salvación económica. Pero trajo consigo el jineterismo —la prostitución y el hustle callejero asociado al turismo— que marcó una ruptura dolorosa con los valores proclamados por la Revolución.

Los cuentapropistas (trabajadores por cuenta propia) fueron autorizados por primera vez, y los paladares —pequeños restaurantes privados en casas de familia— empezaron a aparecer tímidamente, sembrando las semillas de un sector privado que tardaría décadas en desarrollarse.

El legado que perdura

El Periodo Especial terminó oficialmente con el nuevo milenio, cuando la alianza con la Venezuela de Hugo Chávez y la mejora de relaciones con Rusia bajo Putin trajeron alivio económico. Pero sus cicatrices nunca sanaron del todo.

Transformó la sociedad cubana de maneras irreversibles:

  • La desigualdad se instaló en un sistema que proclamaba la igualdad
  • La emigración se convirtió en aspiración generalizada
  • La desconfianza hacia las promesas oficiales se profundizó
  • El ingenio popular —“resolver”, “inventar”, “luchar”— se consolidó como filosofía de vida

Hoy, con Cuba enfrentando una nueva crisis económica que muchos comparan con aquellos años terribles, el Periodo Especial no es solo historia. Es memoria viva, advertencia y, para muchos cubanos, un espejo incómodo del presente.

Como dice el refrán que nació en aquellos años oscuros: “No es fácil”. Tres palabras que resumen una década, una generación y la resiliencia infinita de un pueblo que, contra todo pronóstico, siguió adelante.

Preguntas frecuentes

¿Qué fue el Periodo Especial en Cuba?
Fue una etapa de profunda crisis económica que comenzó en 1991 tras la desaparición de la Unión Soviética, principal socio comercial de Cuba. El PIB cayó un 35% y las importaciones se redujeron más del 80%.
¿Cuánto duró el Periodo Especial?
Los años más duros fueron de 1991 a 1996, aunque la crisis se extendió hasta aproximadamente el año 2000, cuando Venezuela emergió como nuevo aliado económico bajo Hugo Chávez.
¿Cómo sobrevivieron los cubanos durante el Periodo Especial?
Con ingenio y resistencia: criaron animales en azoteas, cultivaron huertos urbanos (organopónicos), adaptaron bicicletas como transporte principal y recurrieron al mercado negro para obtener alimentos básicos.
¿Qué fue la crisis de los balseros de 1994?
Fue un éxodo masivo de cubanos que intentaron cruzar el estrecho de la Florida en balsas improvisadas. Más de 30,000 personas abandonaron la isla, muchas en condiciones extremadamente peligrosas.
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